12° película

 En defensa del cine nacional - Con la presencia de Iván Fund

Año: 2018

Duración: 81 min.
País: Argentina
Guion: Iván Fund y Tomás Dotta 
Dirección: Iván Fund

               
 Sinopsis:

En un barrio de clase trabajadora en las afueras de un pequeño pueblo de provincia, un grupo de niños deben enfrentar solos el comienzo de un extraño suceso que ha convertido a los adultos en “entes dormidos”






Comentarios

  1. Vendrán?

    El Martes pude ver la maravillosa película de Iván Fund.
    Digo bien: “pude”. Pude porque en el comienzo de la película hay escenas que anunciaban “lo peor”. Y en ese temer lo peor, tuve que ir arreglándome para seguir adelante. “No quiero golpes bajos hoy” –pensé-.
    Hablo de un niño solo en un auto sin personas adultas a la vista. Hablo de perros un poco nerviosos buscando comida, hablo de mesas abandonadas en plena acción como la huida de algún desastre. Chicos desorientados que sí se despiertan y se encuentran con la ausencia total de los movimientos adultos.
    Pero no hubo golpe bajo. Todo iba fluyendo con recursos de diferente calibre. Los chicos, los perros. Todos tenían algo para aportar a lo que luego será una aventura.
    En los primeros 10 minutos, Iván ya había armado una escena tremenda–el corte de luz, los chicos solos en sus casas, los adultos durmientes, los animales domésticos tornándose salvajes- y un detalle escalofriante: una especie de nébula que ronda en la casa de los durmientes. Es niebla? Es gas? Es humo?
    Algo está por suceder (que nunca sucede pero esperamos) que develará la causa de dos cosas: los adultos de la casa en una especie de sueño profundo sin ninguna explicación (visible) y una “road movie “a pie” de los chicos por la zona.

    Los perros
    Sí. Capítulo aparte. Los Perros.
    Porque los perros acompañan todo el tiempo. La película empieza con un perro en un obrador, que se acuesta a descansar.
    Pero hay dos clases de perros. Los perros amigables, que ceden dócilmente y acompañan las escenas y los perros terribles que además son foráneos y devoran los restos del desastre con medio cuerpo sobre la mesa.
    Claramente no son el mismo perro. Algunos, a medida que la mano del hombre se ausenta, van quedándose sin comida y arremeten en las casas, y otros, esperan a que los chicos los alimenten. Iván nos muestra claramente quien es amigo allí.
    Hay dos que se lastiman, Massimo y la Chicha. Y ambos son cuidados con la misma premura. No hay preferencias. Son niños. Aun no se conformó la miseria.
    Qué extraña magia produce Iván en su película al punto de encariñarnos con sus personajes como si los conociéramos? Como puede ser que se alcance algo así en pocos minutos?
    Logra que nos encariñemos, sí. Pero también logra que me enoje con esos adultos que “no se enteran”.
    Genial metáfora de los chicos arreglándoselas solos. Hay más avezados y otros menos. En algunos momentos, parece que pueden prescindir de los padres perfectamente.
    Iván se ocupa de mostrarnos que estos durmientes respiran. Pero también muestra que es un respirar profundo y hondo. -No despertaran pronto-. Ese dormir, que no es un simple descanso, siempre te mete en una duda siniestra. Que ocurrió? Que paso? Por qué los niños no? Dormirán mucho más?
    El final

    La sonrisa de los chicos en el final, nos devuelve la sensación de alivio de que a pesar de todo, se ríen. Disfruté cada sonrisa. Cada risa. El director nos amplía el cuadro con la sonrisa ancha de cada uno. Luego de la aventura, ahí están, riéndose, contentos con la escena totalmente novedosa del jardín.

    Y los perros, nuevamente; nos alertan de que algo pasa afuera. Parece que aunque los adultos duermen el sueño profundo (maravillosa metáfora de cierta ausencia del otro en la infancia) los chicos fueron guiados por algo. No importa por qué. No importa si se vio o no se vio. Algo cuidó de ellos. Recursos? Suerte? Contingencias? No importa. Los chicos, juntos, nunca estuvieron solos.
    Será ese “juntos” la metáfora que Iván crea con una imagen transparente, al modo de cierta “presencia”, poco clara, que casi no se ve, que no se puede descifrar (y que tampoco importa hacerlo) que aparece en el jardín, tan parecida al amor?.

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  2. Vendrán lluvias suaves

    Me encantó el comentario de Mariana! A mí me impactó cómo está marcado narrativamente el vacío, eso que no hay, en el relato que propone la película. Esa ausencia poderosa que ocurre todo el tiempo detrás de la historia que se muestra, mientras los chicos y los perros van tejiendo otra cosa en la superficie. Una metáfora fuertísima respecto a lo que en la cultura de hoy —y seguramente con alguna contaminación del psicoanálisis lacaniano— se nombra como la caída del padre.

    Que no es otra cosa que un modo simbólico de aludir a la Ley. Los padres (los adultos en la peli) se han retirado de la escena por alguna razón que no está clara, ni va a ser develada. “Ese dormir, que no es un simple descanso”, como dice Mariana y el director marca con algunos recursos sencillos pero altamente efectivos: hay un tinte extraño en su respiración. Pero respiran, no están muertos. Sin embargo, han abandonado lo que estaban haciendo, como si la causa fuese algo de un orden que les hiciera cesar la vida en ese lugar que habitaban.

    Lo que uno podría leer allí, en el plano de los sucesos reales, es una pregunta desgarradora que la metáfora pone en juego y que no podría decirse tan sencillamente. La metáfora, —decía Lacan— deja ver un significante que de otra manera no aparece.

    ¿No es eso lo que están haciendo muchos adultos, compitiendo con sus hijos, en lugar de sostenerlos?, por ser más jóvenes, por ser más exitosos, más atractivos… Y en ese hacer usurpador, arrojan a los pibes a que se las arreglen como puedan. Y los chicos, en ese hacer van apuntando otros modos de resolver.

    Para mi gusto, por si hubiera alguna duda de lo que se plantea, hay una línea del guión en donde se explicita esta tensión: La más grande de las niñas, que en algún momento es presentada diciendo: “soy la mayor, puedo ayudarlos”, cuando alguno de los niños le señala que se la ve cansada y le pregunta por qué no duerme, ella responde: “porque tengo miedo de quedarme dormida”. En ese punto el director señala una línea que conecta el mundo de los adultos con un dormir que no es el del descanso. Es el de no querer enterarse, tal como decía Lacan, que agregaba esta posición a las pasiones humanas: amar, odiar, dormir (en el sentido de no querer saber).

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  3. Genial Daniel! acuerdo con tu comentario. Y que bien ubicado que la mayor (la más cercana a la adultez) es la que "teme" dormirse, como los adultos. Porque Despertar no es sencillo. Mucha gente elige dormir; y muy pocos, "despertar". Será que tiene todo un costo. Larga vida al cineclú!

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